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Tema 6 El método en la catequesis

TEMA 6º

EL MÉTODO EN LA CATEQUESIS

 

La palabra "método" viene del griego y quiere indicar el "camino", "procedimiento", "modo de realizar algo". La catequesis, como cualquier otra actividad humana, se lleva a cabo según una modalidad particular, elegida por el mismo catequista con vistas a conseguir la finalidad que se ha propuesto. Esto ocurre necesariamente, también cuando no es plenamente consciente, porque cada uno tiende a hacer coherente y eficaz sus propias opciones. Es decir, se sirve de un "método".

Queremos un método ¿Cuál?

Quien hace catequesis no puede no tener un "método", que será más o menos complejo, más o menos original, más o menos coherente. En general se tiende a imitar o repetir cosas hechas por otros, conocidas por experiencia directa o a través de libros, revistas, audiovisuales. El fruto de la reelaboración personal  de lo que ha asumido constituye el propio "método", es decir, aquel conjunto de opciones, de técnicas, de instrumentos que orientan, guían y sostienen la propia acción catequística.

Obviamente la cualidad de cuanto se asume es determinante. Por esto el catequista es llamado a conocer a fondo y a asimilar las propuestas metodológicas más eficaces, mejor motivadas y bien experimentadas. Debe entonces informarse en modo crítico de los "métodos catequísticos" que funciona mejor.

La elección de un método o la asunción de sus elementos, no excluyen la creatividad por parte del catequista sino que la pretende. ¿Por qué el hacer catequesis no es la aplicación exhaustiva de un método sino una actividad original y personalísima del catequista que se sirve con inteligencia de las indicaciones presentes en el método?.

Este tema es una pequeña guía a la reflexión sobre los métodos catequísticos. Hacemos, de manera sintética, un poco de historia de estos métodos catequísticos y después examinaremos los modelos más logrados y significativos adoptados todavía hoy en la catequesis.

 

1.- UN POCO DE HISTORIA

Veremos que en la historia, la Iglesia se ha servido de varias modalidades o métodos catequísticos para proponer la fe, sea a los adultos o a los niños. Ninguno deberá sorprenderse. Según el Directorio General de Catequesis (cf. n. 148), en la transmisión de fe, la Iglesia no tiene para sí un método propio, ni un método único, sino que asume con libertad de espíritu todos los elementos que no están en sintonía con el Evangelio y los mete a su servicio. La variedad de métodos es un signo de vida y de riqueza, y al mismo tiempo es una demostración de respeto hacia los destinatarios, de su edad, y de su mayor o menos madurez.

 

1. Del Concilio de Trento hasta la mitad del año 1900

Considerando la catequesis al servicio de la instrucción religiosa, en este periodo. Durante algunos siglos, se propone la transmisión de la fe inspirada en modelos escolásticos. Estaban las verdades religiosas que aprender y venían propuestas en el catecismo en forma de preguntas y respuestas. Las lecciones y los textos hechas con el tiempo más atrayentes con ilustraciones y narraciones, eran de corte didáctico, con un programa cíclico, de manera que año tras años se adquirían todos los contenidos de la fe cristiana. Este método, que hasta hace poco caminaba paralelamente al camino de la escuela italiana (también de la escuela española)[1], puso hincapié en la experiencia fruto de la evolución de las ciencias psicopedagógicas y de los métodos activos que requerían una mayor colaboración por parte de los alumnos.

 2. La opción kerigmática

En torno al año 1950 se abre camino una orientación metodológica llamada "kerigmática", centrada principalmente sobre la renovación del contenido de la catequesis, pasando de lo doctrinal (teología sistemática) a lo bíblico (centralidad de la Palabra de Dios). El método buscaba hacer más auténtica y eficaz la catequesis, centrándola precisamente sobre  el "kerigma", es decir, sobre el núcleo del mensaje cristiano, sobre los hechos bíblicos-evangélicos fundamentales, en particular sobre el evento pascual, sobre la fe en Jesús muerto y resucitado, centro de la historia de la salvación. En este método la Sagrada Escritura no es vista como una simple confirmación autorizada de la doctrina, sino como fuente primaria de la catequesis.  Y el encuentro de catequesis no como la transmisión de un conjunto de verdades teológicas, de mandamientos o de ritos, sino como un  feliz anuncio de salvación.

 

3. La opción antropológica

Ya en los años 30, algunos catequetas franceses hacían notar que el contenido de la catequesis era un resumen de teología, que no tenía en cuenta  las exigencias, preguntas, necesidades de los sujetos a catequizar. El desarrollo de esta sensibilidad llevará a la considerada opción antropológica en la catequesis, que adquirirá particular evidencia a partir de los años del Concilio Vaticano II.  Esta opción metodológica es marcada por un ingreso masivo de las ciencias humanas (sobre todo de la psicología, sociología y pedagogía) en la catequesis. La instancia antropológica no mira solo la preparación a la escucha del anuncio cristiano, sino el mismo anuncio, siendo el Evangelio una feliz noticia para el hombre y para su salvación.

Se tiene así una catequesis atenta a la dimensión humana. Ésta tiene sustancialmente las funciones siguientes:

  • Hace nacer intereses, interrogantes, esperanzas, reflexiones y juicios que confluyen en un cierto deseo de transformar la existencia, haciendo a la persona capaz de comportarse de manera activa y responsable frente al don de Dios.
  • Favorece la comprensión del mensaje cristiano, siendo lo humano (la experiencia humana) mediación necesaria para explorar y asimilar la verdad que constituyen el contenido de la revelación.
  •  Muestra como la realidad humana es en cierto modo "lugar" de manifestación y realización de la salvación: de hecho, Dios, en la lógica de la encarnación, llega al hombre con su gracia y lo salva. 

Un expresión particular de la opción antropológica en la catequesis es la considerada "catequesis de liberación", que toma consistencia sobre todo con la revolución juvenil de los años 1968-1970 y en el contexto del postconcilio. La atención comienza a dirigirse no sólo a la situación psicológica de los sujetos, sino también a la situación social y política en la que viven.

La "catequesis de liberación" tiene especial relevancia en América Latina. Ésta, al proponer las grandes intenciones de Dios ante el hombre, mete en evidencia su carga liberadora frente a la resignación, la miseria y el subdesarrollo, estimulando a cada uno y a los grupos a trabajar por la reconocida dignidad de las personas y los ciudadanos, y la dignidad de todos, especialmente los pobres y los marginados.[2]

 

2.- LA SITUACIÓN ACTUAL

El breve resumen de la historia de la metodología catequética termina necesariamente con la pregunta: ¿Cuál es la situación actual? .

Los datos que emergen de la observación permiten elaborar una reseña de las orientaciones metodológicas ("métodos") actuales. Procurando no caer en datos amplios y  juicios de valor, nos limitamos a unos pocos siendo fácil intuir la validez de determinados métodos ( o modelos) catequísticos y la no adecuación de otros, sobre todo si se aplican de modo rígido y exclusivo.

En nuestra exposición simplificamos y esquematizamos, en un intento de evidenciar paso a paso la línea metodológica que llevan: el riesgo de perder precisión y complejidad es compensado por la posibilidad de favorecer la comparación entre los diversos métodos.

 

  •  Modelo centrado sobre la doctrina: es un modelo teóricamente superado por el tiempo; en la práctica, sin embargo, encontramos signos más o menos vistosos de su influjo todavía persistente en sacerdotes, catequistas y comunidades parroquiales. Se trata, por simplificar al máximo, de intentos (o al menos de nostalgia) de hacer catequesis con el Catecismo de Pío X. En este modo la atención se pone sobre todo sobre el libro y la lección, sobre la transmisión doctrinal exacta y sobre la asimilación de la verdad. El catequista es un enseñante y los niños son los alumnos pasivos. La Biblia es usada para confirmar la doctrina; la comunidad cristiana no está presente. Una catequesis con esta sensibilidad no puede tener éxito en la empresa de formar cristianos para nuestro tiempo.

 

  •  Modelo centrado sobre la iniciativa de Dios: hay un modo de hacer catequesis en el que el acento es puesto sobre la iniciativa de Dios. Cuando es conocida y acogida, la fe transforma la vida. De aquí la importancia de multiplicar los contactos entre la de y la vida. En una sociedad globalmente no cristiana es necesario crear ambientes alternativos, donde circulen lo valores cristianos. Se deben por eso hacer eficientes las estructuras, afirmar claramente la sana doctrina, evitando peligrosos subjetivismos y valorizando el rol de la autoridad. Tenemos un método "descendente", con la presentación objetiva de la revelación, la actuación de la salvación de los sacramentos, la colaboración personal con la realización de la salvación mediante la vida moral. Se insiste mucho sobre la racionalidad de la fe (pruebas, demostraciones...) y sobre la eficacia objetiva de los sacramentos. Viene privilegiada una relación formativa individualizada, teniendo el grupo como cinta de transmisión de valores y como lugar de empeño.

 

  • Modelo centrado sobre el anuncio vital de la Palabra de Dios: este método se propone transmitir el mensaje de la salvación de modo atrayente y vital, de "devolver a las fórmulas sus raíces", con una referencia espontánea y constante a la Biblia (especialmente al Nuevo Testamento). Se trata de encontrarnos con la experiencia fuerte de los primeros cristianos, de actualizar la historia de la salvación, la misma de la Iglesia. El acento es puesto todavía sobre el anuncio y la transmisión de la verdad; el eje no es constituido de áridas nociones teológicas, sino más bien de la Palabra de Dios, medida por la Iglesia. En torno a la Palabra de Dios se crea la comunidad: del pequeño grupo de catequesis a la asamblea reunida en Cristo. Esta experiencia comunitaria tiende a proponerse como alternativa a la sociedad y viene percibida y presentada como necesaria para sobrevivir en un mundo descristianizado. La satisfacción de sentir de modo vivo la pertenencia eclesial sería la confirmación de la bondad de esta línea formativa que interesa también a la catequesis. El gran honor de este método es el que consigue felizmente integrar una correcta y fascinante transmisión del mensaje cristiano con una intensa y sólida vida comunitaria.

Las reservas a este método pueden nacer del hecho que parece no promover suficientemente una plena y correcta integración entre la fe y la vida que es fin esencial de la catequesis.

  • Modelo centrado sobre la instancia antropológica: dos afirmaciones del documento Il rinavamento della catechesi pueden hacernos entender el punto de vista que determina este método: "no es siempre posible partir de la divina revelación; mas bien, sobre todo en estos tiempos, es necesario acercarnos a las situaciones de la vida de los fieles para disponerlos progresivamente a la escucha religiosa" (nº 164). "Quien quiera hacer al hombre de hoy un discurso sobre Dios, debe partir de los problemas humanos y tenerlos siempre presentes en la exposición del mensaje" (nº 77).

Esta impostación de la catequesis, puesta en marcha antes del Concilio Vaticano II, recibe un empuje decisivo, y florece en el postconcilio, legitimada y sostenida en el documento base.

En esta línea catequística la vida cotidiana es vista como lugar del encuentro con Cristo. En el centro no está el libro que es un subsidio, un estímulo, una provocación; en el centro está la comunidad en la que se hace experiencia de fe y vida cristiana; en la cual el catequista es un testigo que guía a la experiencia.

En particular en esta orientación emerge con fuerza que la catequesis revela el significado de la existencia humana; por otra, la experiencia humana, sea personal o comunitaria, es ya contenido de la catequesis. Por esto todo aquello que no tiene significado para el hombre, no lo tiene nunca para la catequesis. Vida humana y revelación se reclaman mutuamente.

En esta perspectiva, obviamente, es importante un lenguaje, que debe ser comprensible, significativo, eficaz. Nos sitúa en el lugar de los niños/jóvenes, se parte de sus intereses, implicándolos a través del uso de métodos activos y experiencias guiadas.

 

  • Modelo centrado sobre la instancia comunitaria-experiencial:

Hay un modo de hacer catequesis que apunta prioritariamente sobre la creación de una fuerte experiencia comunitaria, en la convicción que cuando el niño/jóven vive intensas relaciones con la comunidad eclesial es sostenido en su crecimiento cristiano, haciéndose capaz de interiorizar los contenidos de la fe. El descubrimiento de la fe no es tanto un hecho de orden racional, sino que se da en el contexto de la experiencia compartida: "Ven y verás!".  El amor es el aspecto más sensible de la novedad de vida de la cual la fe  está llena: "Ved como se aman...". Quien hace esta experiencia, en una sociedad marcada por el egoísmo y el anonimato, siente haber encontrado algo nuevo,  algo que llama la atención.

En esta perspectiva, la fe totaliza la experiencia humana. Se crean así comunidades en la que circulan contenidos propios, alternativas a los de la cultura moderna dominante. Los valores vienen asimilados por identificación, con fuerte carga emotiva.

Eje de la orientación metodológica es la experiencia comunitaria. Vienen privilegiados los grupos primarios, homogéneos, en contraposición a lo externo. Prevalece la instancia kerigmática, cargada de valores sugerentes y no pluralistas. Se vive una intensa experiencia de grupo, inspirada en modelos considerados normativos. Se tiende a exaltar la pertenencia a la propia comunidad y hacerla coincidir con la pertenencia a la Iglesia (nosotros somos Iglesia...La Iglesia somos nosotros...).

En esta perspectiva, más allá de los innegables aspectos positivos, existe entre otros el riesgo de una presión del grupo que condiciona el crecimiento libre y responsable de la persona, exigida por la identidad profunda de la fe.

  •  Modelo centrado sobre la existencia:

Este modelo se basa sobre la constatación de que por muchos motivos niños y jóvenes de hoy la fe les dice poco, es un hecho marginal, mientras son sensibles a su personal realización. Primera tarea de la catequesis hacer que la catequesis venga percibida como una propuesta significativa, portadora de sentido de vida, necesaria para una plena realización personal. En el centro está la vida concreta de los muchachos, su cotidianidad: en este nivel, en este ámbito debe ser hecha la propuesta de la fe, teniendo en cuenta el amplio contexto  sociocultural. De aquí la exigencia de medir con la cultura de hoy, sus dificultades y su oportunidad para la fe. La Iglesia es parte del mundo, está en el mundo y para el mundo. Ella "camina con toda la humanidad y experimenta junto al mundo la misma suerte terrena y es como el fermento y casi el alma de la sociedad humana, destinada a renovarse en Cristo y a transformarse en familia de Dios" (Gaudium et spes 40). El empeño religioso tiene un fuerte ligamen con el sociopolítico.

En la orientación metodológica, el punto de partida y continua referencia son las experiencias cotidianas de los muchachos, sus intereses. Experiencias e intereses son "evangelizados",  profundizados, autentificados, para abrirse a una salvación trascendente. Convirtiéndose profundamente humanos pueden convertirse en lugar de salvación.

La Palabra de Dios tiene un lugar insustituible. El anuncio es "apertura a los propios problemas, respuesta a las propias preguntas, continuación de las propias aspiraciones" (Il rinavamento della catechesi, 52).

En esta perspectiva, se hacen relevantes la crítica, la responsabilidad personal, la creatividad, la búsqueda. El grupo es importante en cuanto es lugar concreto para la autorrealización, es espacio para la participación, es momento para vivir la pertenencia a la Iglesia y crecer en ella.

 

3.- INSTANCIAS METODOLÓGICAS COMUNES E IRRENUNCIABLES

Hacer catequesis es una acción unitaria, simple y rica, en cuanto es confluencia de múltiples atenciones, en correspondencia a sus múltiples instancias. A tal instancia, como se ha visto, se puede responder de varios modos, siguiendo diversos recorridos operativos. En cada caso, deben ser considerados algunos como comunes, obligados, irrenunciables. Se trata de indicar cuáles podemos llamar instancias metodológicas comunes, que a nivel operativo se transforman en opciones prioritarias (Cf.  ALBERICH, E. La catequesis hoy, Elledice. 289-291).

  •  Opción de la Experiencia: la experiencia de fe, además de ser el verdadero contenido de la catequesis es también el lugar por excelencia del anuncio y de la escucha de la Palabra de Dios. En el corazón de la catequesis está el arte de suscitar experiencias, de comunicar experiencias, de permitir la expresión de auténticas experiencias de fe.
  •  Opción de la Comunidad: la comunidad es condición, lugar, sujeto, objeto y meta de la catequesis. Es la comunidad -generalmente hablando- el verdadero sujeto de la catequesis, el "catequista" por excelencia, la condición de base para que la catequesis tenga éxito.
  •  Opción del Grupo: dentro de la comunidad, el grupo es considerado hoy, con frecuencia para los niños y jóvenes, una modalidad indispensable en el proceso de interiorización de la fe, y lugar privilegiado de catequesis.
  •  Opción de pluralidad de lenguajes: en cuanto hecho comunicativo, la catequesis se abre hoy a la riqueza del lenguaje (verbal, icónico, gestual, audiovisivo, mediático...) para la comunicación de la fe. En general se insiste sobre la preferencia, en catequesis, por el lenguaje simbólico, evocativo, propio de la comunicación religiosa. Y se busca también dar adecuado espacio a la comunicación no verbal y a la rica posibilidad de los Medios de Comunicación.
  •  Opción por la participación: la participación es una exigencia de la eclesiología de comunión y una instancia como siempre viva entre los hombre de nuestro tiempo, que no quieren sentirse miembros pasivos. La catequesis debe permitir a todos sentirse sujetos corresponsables y activos, no reducidos al rol de destinatarios.
  •  Opción creativa: instancia ya recibida hace tiempo por el movimiento catequético contemporáneo es el paso de una pedagogía de la asimilación a una pedagogía de la creatividad.
  •  Opción por la primacía del sujeto: es claramente afirmada la primacía del sujeto y de sus exigencias, visto que la palabra de Dios debe aparecer ante cada uno "como una apertura a los problemas, una respuesta a las propias preguntas, una continuación de los propios valores y junto a la satisfacción aportada a las más profundas aspiraciones" (Il rinavamento della catechesi 52).
  •  Opción por la globalidad: la madurez de la fe requiere hoy el contexto envolvente de una experiencia de vida cristiana que debe ser al mismo tiempo escucha, aprendizaje, compartir, dedicación, celebración, testimonio. En este sentido se puede decir que hoy la catequesis no puede ser simple enseñanza sino contribución determinante y convergente para la realización de una experiencia totalizante de fe y de vida cristiana.

 

Sobre los contenidos de la fe

Ante las opciones metodológicas caracterizadas por el activismo y  la participación, parece, a veces, a los catequistas que "pierden el tiempo". ¿Cómo introducir un juego cuando el tiempo es muy poco?

Evidentemente para alcanzar la madurez en la fe es necesaria una conciencia siempre más profunda del misterio de Dios. La pobreza a nivel de contenidos crea en la persona una desproporción entre el crecimiento cultural y el religioso. Con el tiempo se termina con frecuencia en un rechazo desde el  momento  que la conciencia religiosa es reducida a un nivel infantil.

Los problemas se presentan en particular cuando nos ponemos frente al  cómo hacer este anuncio; y se convierte en un problema también el cuánto: hay quien piensa que es importante transmitir la doctrina cristiana entera, mientras otros propondrían un conocimiento más modesto, proporcional a las posibilidades de los muchachos y al tiempo de y disposición.

Sobre el problema de la cantidad, una respuesta nos viene de la Evangelium Nuntiandi 25: "En el mensaje que la Iglesia anuncia, hay muchos elementos secundarios. Su presentación depende mucho de las circunstancias cambiantes". En el nº 79: "Signo de amor es el respeto a la situación religiosa y espiritual de las personas que vienen evangelizadas. Respeto a su ritmo, que no se tiene el derecho de forzar más de lo debido. Respeto a su conciencia y a sus convicciones, sin alguna dureza". Es evidente que esta actitud general, se hace aún más legítima a propósito de los niños/jóvenes.

Sobre cómo transmitir la verdad de fe, se ha hablado ya cuando se han presentado los distintos modelos y sus características.

 

Centralidad de la Palabra de Dios

La elección de un método no debe nunca perder de vista la realidad vinculante de la Palabra de Dios. Es ahí que se cumple aquel encuentro entre Dios y el hombre que es el fin principal de la catequesis. En el encuentro con la Palabra, la actitud del hombre es esencialmente de escucha, de quien obedece. Este encuentro se realiza cuando se deja amplio espacio de acción a Aquel que viene al encuentro del hombre. Al catequista le toca la tarea de presentar la Palabra en su grandeza y totalidad, entera e inalterada, no acomodada ni instrumentalizada.

 

4.- MODALIDAD NUEVA

Proponemos ahora algunos desarrollos sobre puntos que merecen hoy una particular atención: el primero hace referencia al rol del activismo y de la creatividad en la catequesis, el segundo la metodología de "laboratorio".

 

Indispensable activismo

La metodología activa es un dato adquirido tanto en la escuela como en la catequesis. Muchas horas de catequesis son todavía excesivamente pesadas. El catequista se limita a hablar, no implica a los muchachos durante el encuentro, no recurre a técnicas e instrumentos adaptados, no propone actividades.

  •  No aburrir, hacer de todo para crear el interés y el deseo de los muchachos a volver, es todavía el primer objetivo de la catequesis, que debe ser activa. He aquí una reseña de modalidad para adquirir en catequesis.
  •  Actividad de preparación: porque cada encuentro representa una respuesta a un problema de los muchachos se puede recurrir a cuestionarios, encuestas, búsqueda de documentación...
  •  Actividad de asimilación y expresión: son útiles esquemas de trabajo. Celebraciones catequéticas, dramatizaciones, canto, mesas redondas...
  •  Actividad de evaluación: puede servir pruebas objetivas, cuestionarios, entrevistas, debates...

 

La creatividad

Es necesario hacer partícipes a los muchachos y no solo consumidores en el camino formativo. Deben saber ser en cierta medida responsables en primera persona de las afirmaciones de la Iglesia allí donde viven, para dar significado pleno a la realidad humana en la que son insertados.

Para implicar a los muchachos el catequista:

  •  No usará el texto o material de modo rígido, sino que favorecerá la búsqueda aportando documentos y esquemas de trabajo;
  •  No será él sólo a hablar sino que guiará a los muchachos al uso de varias formas de expresión
  •  Animará a leer e interpretar los documentos
  •  Se esforzará en transformar el grupo anónimo en un grupo-comunidad.

Creatividad no significa improvisación. Es necesario ser concretos y un poco también sistemáticos, dejando al mismo tiempo espacio a la imaginación que es fundamento de cada progreso e innovación.

 

5.-EL MODELO LABORATORIO

Cuando se habla de "laboratorio", se usa hoy una de aquellas palabras mágicas que se han convertido, primero para la escuela y también para la catequesis, sinónimo de adaptación al "último grito". Si no se anuncia que se hace laboratorio, sobre todo con los adultos, se corre el riesgo de no tener respuesta a la iniciativa formativa. Escribe Enzo Biemmi en su obra Compagni di viaggio : "El término laboratorio aplicado a la formación puede gustar o no, pero es aplicado en todos los campos de la formación de los adultos. Éste expresa bien el tipo de formación de la que queremos apartarnos y la que pretendemos usar". En el  libro de Biemme aparecen gran parte de las reflexiones que , libremente reelaboradas, proponemos en estas páginas. Ellas quieren describir brevemente el modelo "laboratorio", evidenciando en particular los elementos de novedad, por un conocimiento motivado y en vista de su eventual utilización.

 

El laboratorio no es para aprender un saber

Comenzamos diciendo que no es el modelo "laboratorio". No se trata de pasar a los destinatarios de la catequesis una serie de información teológica, venida desde lo alto. Está el experto en teología que piensa y escribe, está el catequista que lee y simplifica y está el destinatario de la catequesis que escucha al catequista y aprende.

  •  Este procedimiento -explica Biemmi- "se basa sobre el supuesto que para saber hacer basta con saber "cosas". Es un modelo de formación como información, que descuida el ser del catequista, es decir, sus actitudes profundas y lo deja totalmente desguarnecido y acrítico respecto al ejercicio de su rol". En esta perspectiva el catequista debe estar fundamentalmente preparado a transmitir los contenidos de modo sistemático y dar respuestas a algunas preguntas típicamente catequísticas; debe aprender un saber.

 

No es tampoco para aprender a "saber hacer"

El laboratorio que no tiene como única finalidad el transmitir conocimientos, tampoco se limita a "adiestrar",  a "enseñar a hacer".  No se trata entonces en  adquirir por parte del catequista habilidades técnicas funcionales a un "saber hacer". La adquisición de una habilidad de este tipo, de por sí no implica ni modifica necesariamente la personalidad del catequista y tampoco lo ayuda a influir eficazmente sobre destinatarios de la catequesis en su camino de fe.

 

Es para una formación intensa como "transformación"

 El laboratorio es sobre todo un modelo formativo que se ocupa de las tres dimensiones de la persona: el saber, el saber hacer y sobre todo el ser. Entonces el laboratorio no se limita a cuidar las dos primeras competencias (el conocer nuevo y saber hacer nuevo), sino que se empeña también y sobre todo por una transformación de la persona, para que pueda madurar, realizarse en su ser, haciéndose capaz de conocerse mejor a sí mismo, de medirse y proyectarse.

Dice bien Enzo Biemmi: "el laboratorio es un lugar formativo de encuentro entre saber y saber hacer. Se propone, junto a la práctica, como un espacio donde integrar los elementos del saber y de la experiencia. No busca  hacer sabios en un determinado argumento o sector, sino estar en grado de obrar a través de la adquisición de varias capacidades en las distintas disciplinas.

 

Dimensiones y momentos formativos

El método del laboratorio parte siempre de la experiencia de los participantes, que considera recurso indispensable y verdadero lugar teológico. El respeto a la experiencia de los participantes requiere reducir el tiempo de exposición (explicaciones, conferencias...), añade Biemmi, "y de valorar el trabajo guiado de grupo, el cual ocupa alrededor de dos tercios del tiempo de la formación. Una formación que toma en consideración la experiencia de los participantes es una formación personalizada, centrada sobre los sujetos y no solo sobre los grupos. El contar la propia historia de vida y la propia praxis catequística es algo esencial en este proceso de personalización". Aplicado a los catequistas, el método del laboratorio lo introduce en un camino de formación en el que se alternan vida y comunidad, experimentación catequística y retorno al grupo de formación.

 En la propuesta del laboratorio la formación específica de los catequistas se coloca dentro de la formación pastoral en cuanto el empeño en la catequesis es uno de los aspectos de mayor dedicación pastoral, que integra también la liturgia, el servicio, la misión, el empeño social...

 

Significado y valor formativo del laboratorio

 El método del laboratorio es utilizable de modo particular, además de la catequesis de adultos, también y más todavía en la formación de catequistas. Giancarla Barbon, en su libro Nuovi processi foramtivi nella catechesi (Edición Dehoniana) ofrece y propone un cuadro de indicaciones operativas:

  •  Siendo el laboratorio una "taller", una escuela donde se aprende haciendo, a la situación "aula" le sigue la experiencia "patio", en la que se realizan las hipótesis elaboradas en el momento de la búsqueda;
  •  Por esto no puede tomar parte de un laboratorio quien no se empeña en entregar un "producto" o en realizar una hipótesis de trabajo: en el laboratorio están solo los que quieren trabajar
  • En el laboratorio se va a elaborar un programa de trabajo; así cada uno debe exigirse: "cuando vuelvo a casa ¿con qué podré y deberé realizarlo?
  •  Entrar en la estrategia del laboratorio la revisa a nivel de componentes el grupo de los catequistas, y cuando es posible también a un nivel más alto: con expertos y con personas que han hecho una revisión de su experiencia relativamente al tema afrontado en el grupo.
  • Entra en la estrategia del laboratorio el trabajo de acompañamiento por parte del equipo de los coordinadores durante la actuación del programa; este modo de proceder es funcional a la adquisición más eficaz de las competencias objetivadas y a la integración entre teoría y practica, con menor disponibilidad de tiempo y mayor implicación de los operadores.

 

Ventajas y riesgos

 Este modo de formar los catequistas pone en marcha la capacidad y el deseo de aprender de los participantes. Viene, además, favorecido    el encuentro abierto entre los individuos, hay  un mayor conocimiento de sí y de los otros, las personas vienen implicadas y reactivadas globalmente.

 Hay que tener en cuenta algunos peligros:

  •  Se hace en modo que la dimensión de la acción no alcance nunca la dimensión de la reflexión.
  •  Si las personas son muy ansiosas es oportuno una gradual progresión en las dificultades
  •  No vienen propuestas experiencias demasiado difíciles por no crear miedo y fuga.
  • Los participantes deben ser libres de adherirse a la experiencia porque una situación obligada conlleva una falta de fe y miedo.

 



[1]  Es un añadido del traductor al español de la obra.

[2] Cfr. Istituto di Catechetica, Andate e insegnate, Ellidici, 198 e ss.

La Voz del Papa Francisco


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